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viernes, 9 de diciembre de 2011

Ideas

Últimamente me vienen a la cabeza muchas ideas sueltas las cuales me gustaría plasmar sobre el papel, pero tal es el batiburrillo que tengo dentro de mi “coco” que no sé por dónde empezar. Desde el exterior me bombardean ideas estúpidas o no, influidas por los hechos realizados anteriormente con más o menos fortuna (he de decir en mi defensa que la fortuna nunca ha estado vinculada a mi estirpe familiar). El dejar de fumar me ha venido muy bien (esta es la segunda vez que lo hago y espero que sea la última), después de no mover ni un musculo en diez años con la intención de hacer deporte ha sido otro de los aciertos a mi entender. Pero este castillete de naipes se viene abajo antes de poner la última carta en lo más alto, tal cual como si un niño hubiera retirado inocentemente el naipe que soporta toda esta estructura piramidal. Por el cristal de esta mesa camilla se desparrama un zumo hecho de mitos, ilusiones no cumplidas y por qué no… fantasías nunca llevadas a cabo. Qué lejos se encuentran las metas puestas o impuestas por la ilusión de nuestra generación. Que vago favor no hicimos subiéndonos al tren en el que colgaba el cartel que decía “pasen, es gratis” y el trayecto que realiza es interminable y acaba siempre cobrando el peaje por kilómetros. El no saber que los vagones no venían provistos de freno de emergencia para poder gritar: “¡¡¡¡¡¡soooo!!!!! yo me bajo aquí.”, aún no está todo perdido, pero ¿por dónde meterle mano a este círculo tan perfecto cuando nuestra herramienta es una simple hoz y la voluntad?. Pues imaginemos que este círculo vicioso fuese una pan redondo de sierra, sí de la Sierra de Cazorla. Me veo con este rico pan en las manos como si fuera un volante, girando de izquierda a derecha, mirándolo por arriba y abajo, sin tener puta idea de por dónde empezar. Pero claro esto me pasa por no tener hambre, por perder el apetito ya que si el hambre hiciera acto de presencia lo empezaría por donde sea. Lo mismo me pasa con ese círculo vicioso, voy a meterle mano por donde sea. Todo a mí alrededor hierve y  me quema, este hastío que siento por cualquier cosa me invade cual virus fulminante toma una célula sana y trata de contagiar a la célula vecina. Cansado de quejas sobre todo de las quejas de aquellos que no tienen razones para quejarse, ¿pero qué cojones sabes tú? de situaciones límite viviendo en lo alto de tu castillete franqueado por tus soberbias murallas de llantos falsos. ¿Cuándo te has preocupado por alguien que no seas tú?

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